Sentirse bien es una forma de gritar “¡Esto es quien soy yo!”.
Nuestra cultura actual, por estar basada en criterios hipócritas y una mentalidad mojigata, es muy restrictiva en lo que se refiere a la autogratificación personal, calificándola con términos negativos e inculcando la culpa, el temor y la verguenza.
Estos aspectos negativos de nuestra sociedad, ocasionan tremenda confusión sobre el legítimo goce de nuestras vivencias y la obtaculización de una conducta dirigida a la satisfacción personal. De esta manera se fomenta la autonegación como proceso de autodestrucción, en lugar de la autoregulación como una selección activa del hacer o no hacer, basada en una decisión propia respecto de lo que uno es, únicamente con la limitación de no rebasar el espacio vital de los demás haciéndonos responsables de nuestra propia conducta.
Si deseas saber que tanto has progresado y qué tan feliz eres, date cuenta simplemente de lo que te hace sentir bien.
Ahora bien, pensemos en las cosas que nos hacen sentir bien, en dos vertientes fundamentales; las que surgen por ser como somos (sensaciones internas) y las que surgen de nuestra interrelación con el medio ambiente.
Añadamos dos factores adicionales; la intensidad, se puede señalar con números, iniciando con el 10 para lo más intenso y 0 para lo menos intenso; la frecuencia se puede calificar como cotidiano, periódico y eventual.
Tomemos estas cosas que nos hacen sentir bien por orden de importancia, analicemos cómo es nuestra conducta para obtenerlas y si la intensidad y frecuencia con que las sentimos es satisfactoria o se requiere algun cambio en alguno de estos aspectos.